¿Por qué algunas naciones son tan ricas y otras
son tan pobres? Esta pregunta ha perseguido
a los economistas por lo menos desde que el
escocés Adam Smith intentó darle respuesta en
dos volúmenes que por primera vez enfrentaron
el escrutinio público en una tarde londinense
de marzo de 1776. La Investigación Sobre la
Naturaleza y Causa de la Riqueza de las Naciones
significó para muchos, de hecho, el nacimiento
de la disciplina económica como ciencia. Han
pasado dos siglos desde dicho nacimiento, y
la anciana economía, encaminándose a su cumpleaños
número 227, aún no le ha dado al mundo una respuesta
satisfactoria. Sin embargo, como muchos lo han
notado, es difícil imaginarse una pregunta con
mayor relevancia para el bienestar de la población
mundial. Se trata además de una pregunta que,
en nuestro caso, debemos plantear con toda crudeza:
¿por qué somos nosotros tan pobres y ellos tan
ricos?
***
El libro de Smith se encuentra lleno de intuiciones
sobre los determinantes de la riqueza de las
naciones. Sin embargo, los economistas hemos
puesto demasiada atención a algunos fragmentos
(y muy poca a otros). Quizás allí se encuentra
nuestro fracaso para explicar la verdadera naturaleza
y causa de la riqueza de las naciones. Sin duda
el pasaje más famoso de la obra de Smith es
aquel en el que hace referencia a la "mano invisible",
ese intangible organizador de las acciones individuales
que logra que la búsqueda del mayor provecho
individual conduzca a la mayor eficiencia social
posible. Afirma Smith que cuando cada individuo
invierte tiempo y esfuerzo en aquella actividad
que le significa un mayor beneficio, "una mano
invisible lo conduce a promover un objetivo
que no entraba en sus propósitos (...) Al perseguir
su propio interés frecuentemente fomentará el
de la sociedad mucho más eficazmente que si
de hecho intentase fomentarlo" . A la doctrina
de la "mano invisible" se suma una intuición
tan simple como profunda, que Smith plantea
en las siguientes palabras: "cuál será el tipo
de actividad local en donde su capital se puede
invertir y cuya producción puede ser de un valor
máximo es algo que cada persona, dadas sus circunstancias,
puede evidentemente juzgar mucho mejor que cualquier
político o legislador" . En otras palabras,
y simplificando peligrosamente las ideas de
Smith, los individuos, actuando racional y libremente
en el mercado con su poder organizador "invisible"
y con la menor interferencia posible de la política,
lograrán en búsqueda de su mayor provecho individual
un resultado que resulta "socialmente eficiente".
Más aún, no hay legislador, presidente, ni "mente
superior" que pueda lograr un mejor resultado,
pues cada persona conoce mejor que nadie sus
circunstancias individuales para tomar las decisiones
acertadas. .