I. Introducción
Hacia principios del año 2001, la Universidad
de California anunció que estaría modificando
sus criterios de admisión, pasando a darle menos
preponderancia a los resultados de los exámenes
de aptitudes académicas (SAT). En cambio, estaría
dándole un mayor valor relativo a otros factores,
como el promedio de notas del bachillerato,
las recomendaciones de los profesores y otro
tipo de aptitudes. La idea era adoptar un sistema
"holístico" de evaluación, en contraposición
al estilo puramente meritocrático que había
caracterizado al sistema de universidades de
California desde los años cincuenta.
Gracias a la vigencia de dicho sistema meritocrático,
se había producido una verdadera revolución
académica durante los años sesenta y setenta,
al democratizar el sistema de admisiones y mejorar
la calidad de los estudiantes. Mas aun, dicho
sistema puso a competir los métodos elitistas
de las universidades tradicionales (ivy-league)
con los de las universidades semi-públicas del
medio-oeste (land-grants) y del propio Estado
de California. La motivación política mas inmediata
de dicha medida, al inicio del nuevo Siglo XXI,
parece estar en el deseo de contra-balancear
la disminución en las admisiones de las minorías,
una vez que han cesado los programas de cuotas
(promovidos en el pasado por el llamado affirmative
action).
El debate ha sido intenso y probablemente se
alcanzará un buen balance al mantener la apertura
democrática hacia las minorías (usando pruebas
diferentes al SAT), pero sin sacrificar la buena
calidad académica que, en promedio, tienden
a asegurar dichas pruebas del SAT. Es un hecho
estadístico que estas pruebas arrojan un mejor
pronóstico sobre el futuro académico de los
estudiantes que el que provee el promedio de
las notas del bachillerato.
Algo similar viene ocurriendo en las universidades
Británicas en los últimos dos años, donde el
propio gobierno ha lanzado un programa de "cuotas".
Este programa busca una mayor diversidad social,
aunque allí parece existir un riesgo mas elevado
de terminar deteriorando la calidad educativa
promedia. La falta de salarios atractivos para
el profesorado y la creciente brecha entre el
costo (£3,000) y la matricula (£1,125) cobrada
a cada estudiante amenazan la calidad del sistema,
tal vez con la sola excepción de Cambridge y
Oxford.
Claramente la salida está en adoptar un sistema
de financiamiento de matriculas, el cual cumple
la doble tarea de fondear el sistema universitario
e incentivar la vocación por el estudio de un
gran numero de estudiantes, muchos de los cuales
hoy no valoran adecuadamente la gran oportunidad
que les viene proveyendo el Estado, de manera
casi gratuita.
A este respecto, cabe señalar que, en hora buena,
un gran número de Universidades en Colombia
se han movido en esta dirección, donde se destaca
el programa de financiamiento universitario
administrado directamente por la Universidad
de los Andes (UNIANDES). Complementando este
plan de acceso financiero amplio, UNIANDES también
adoptó desde mediados de los años noventa un
programa de diversificación social, cuyos resultados
deben ahora evaluarse. Se trata de un gran desafío,
sobre cómo manejar volúmenes altos de estudiantes,
de diferentes estratos sociales, pero manteniendo
la excelencia académica y la meritocracia como
el motor del ascensor social.
Estos episodios de las Universidades de California
y de la Gran Bretaña también pusieron en la
palestra el papel que cabe asignarle al sistema
de notas académicas, tanto del bachillerato
como del sistema universitario. La importancia
del sistema evaluativo se vio propulsado nuevamente
a principios del año 2002 cuando el Sr. Summers,
rector de la Universidad de Harvard y antiguo
Ministro de Hacienda de la Administración Clinton
(1999-2000), se quejó ante el cuerpo profesoral
de su propia universidad por estar provocando
una "inflación de notas académicas".
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