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Desequilibrios Regionales: una Aproximación Institucionalista.
Por: Jairo Parada Corrales.

Introducción

La realización de este tipo de ejercicio académico de discusión y análisis del documento 2019 resulta de suma importancia para el desarrollo de la región Caribe y como tal nos corresponde a los miembros de esta comunidad conocer y comentar sobre el mismo. En este sentido, es deber de la academia regional presentar sus consideraciones de manera directa y fundamentada, así estas sean de carácter crítico en alguno de los casos. En la presente ponencia realizo los comentarios que presento a continuación con el ánimo de aportar a la discusión desde la perspectiva del análisis institucional y haciendo énfasis en los aspectos claves que considero inciden de manera directa en la pertinencia del documento 2019 para la Costa Caribe Colombiana.

Es bien sabido que Colombia es un país de regiones. Este hecho de nuestro proceso evolucionario económico y social, está reconocido en la Constitución de 1991 y en el pensamiento social, económico e histórico de la nación.  Casi se podría afirmar que para entender nuestra historia, sociedad y economía, tenemos que cruzarla transversalmente con la variable territorio, espacio y región subnacional, para lograr una interpretación inteligible de nuestra realidad.

            A pesar de lo anterior, sin embargo, resulta llamativo, que en numerosos documentos elaborados desde el ‘centro' del país, -y aquí me refiero por ‘centro' a una estructura de poder, ubicada en la capital del país, cuyos agentes, no importa de que región provengan desde el punto de vista de su nacimiento o lugar de origen,  dirigen, reproducen e impulsan un concepto de proyecto de estado y nación-, se   supone tácita la transversalidad de la realidad regional y por tanto, ella es ignorada, ya sea  tanto conceptualmente como desde el punto de vista de los programas y la ejecución de las políticas.  El documento "Visión 2019:Visión Colombia II Centenario: propuesta para discusión" publicado por la Presidencia de la Republica y el DNP, constituye a mi juicio, una materialización más, de una practica institucional consuetudinaria, de formular desde  ese centro de poder, una visión de país que prácticamente ignora  elementos claves que para construir un país, han venido exigiendo los movimientos regionales en  Colombia., y en particular, el movimiento por la regionalización del Caribe Colombiano.

Es mas, la visión propuesta, aunque contiene elementos válidos muy importantes para nuestro discurrir futuro, ignora otros elementos y posiciones que de incluirse, modificarían la esencia del mismo documento, pues éste  responde una concepción dominante en materia de desarrollo económico y social en los últimos quince años, que a la luz de la experiencia, ha dejado resultados demasiado insatisfactorios desde la perspectiva del crecimiento económico, el desarrollo y la equidad.

La institucionalización de los desequilibrios regionales

            La literatura del desarrollo regional ha sido explicita en identificar los elementos claves para los éxitos del desarrollo regional. Las explicaciones han sido diversas, desde los aportes de la teoría de la localización, la base exportadora, la teoría de los polos de desarrollo, así como el rol de las economías de aglomeración, el régimen flexible de acumulación,  la construcción de las ventajas competitivas y las instituciones predominantes en las mismas (Parada, 1990).  

            Este tipo de análisis  podría, sin embargo, dejar la impresión que los desequilibrios regionales son la expresión lógica de regimenes de acumulación, espontáneos, de las fuerzas de la economía, ante los cuales no queda mas remedio que rendirse. Así, a las regiones mas atrasadas, les queda sólo  el recurso de capacitarse para que sus habitantes mas preparados, simplemente migren hacia las regiones más avanzadas. De esta forma,  la economía es cosificada, y desprovista del rol de la agencia humana, individual y colectiva, olvidándose que en últimas, son los seres humanos quienes toman o no, la decisión de vivir y producir en un territorio. En últimas, sucede con el centralismo lo mismo como con las brujas, que aunque no creemos en ellas, de que las hay las hay. El centralismo no es el único factor que contribuye a los desequilibrios regionales, pero evidentemente existe.

            En efecto, desde el ensayo federalista radical del siglo XIX, en el cual las regiones quedaron en manos de reducidos grupos de poder que disputaban su predominio a nivel nacional en Colombia, pasamos, desde la constitución de Núñez de 1886, a un régimen centralista, que si bien fue necesario para salvar la Republica en ese entonces, su continuación hasta nuestros días, a pesar de los buenos deseos de los constituyentes de 1991, ha contribuido a erosionar más la unidad de nación, en la medida que el ‘centro' tecnocrático-político-económico sigue disponiendo y asignando recursos dentro de una visión que lamentablemente no incluye las visiones regionales.  Mi argumento es que esta práctica  es una verdadera institución del país, es decir, es ya un hábito de pensamiento (Veblen) , una regla de juego dentro de una estructura de poder,  que a mi juicio ha contribuido a agudizar los desequilibrios regionales  comprobados empíricamente por numerosos estudios sobre la ausencia de convergencia en el desarrollo regional del país. Ese balance para la Costa Caribe, ha sido contundente, hasta el extremo que Adolfo Meisel señala explícitamente que nuestra región ‘perdió el siglo XX" (Meisel, 1999). En síntesis, los planes y programas de desarrollo, se siguen construyendo y proponiendo desde el centro, en un ejercicio que rutinariamente ocurre cada cuatro años, y ahora para el II centenario, ante lo cual las regiones discuten a posteriori las propuestas que resultan del proceso de elaboración.

Del diagnostico del documento 2019, desde sus  inicios, se percibe que hubo poca participación de la sociedad civil de las regiones, ya que su elaboración  se redujo a un grupo de expertos reclutados en la capital, y unas que otras personalidades de varios rincones del país. Cuanto dista esta metodología de la que practicamos en la región Caribe cuando para la realización de nuestros Foros regionales en la década pasada, discutíamos en mesas de trabajo, en todos los rincones de la Costa, las propuestas, en un proceso de construcción colectiva. Es más, en la introducción escrita por el Presidente, se nos invita a construir las líneas del documento 2019, pero luego se insiste mas  en la necesidad de la tarea de ‘persuasión'  sobre lo ya elaborado.


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