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"POLITICA
FISCAL Y CRECIMIENTO REGIONAL"
Por:
Ricardo Rocha
La política fiscal como uno de los pilares del crecimiento
regional ha sido un resultado deseado, aunque al
parecer distante. La provisión de bienes públicos
para atender las demandas sociales y facilitar la
actividad productiva es una condición necesaria
para la integración de las localidades a los mercados.
Es difícil imaginarse las últimas dos décadas de
exportaciones de flores desde la Sabana de Bogotá,
sin el aeropuerto de El Dorado construido medio
siglo atrás. Desde luego que el crecimiento depende
en últimas de la productividad de los factores,
pero también se debe considerar que las políticas
públicas también tienen su posibilidad y responsabilidad
de brindar oportunidades de mayor crecimiento y
bienestar.
En Colombia, desde los años 80 la descentralización
ha buscado fortalecer la legitimidad del Estado
y aumentar la eficiencia en la asignación de recursos.
Pero hasta el momento, los resultados parecieran
ser contrarios a lo esperado.
Con unas pocas excepciones, los recursos públicos
no han apuntalado la competitividad de las regiones
y críticos sectores de la geografía acusan una precaria
presencia del Estado. Preciso en un momento donde
la globalización introduce la creación de nuevas
zonas económicas y culturales al interior de las
naciones y cuando el crecimiento lo lideran las
regiones y las ciudades. Tal como por ejemplo, ha
acontecido con la región de Cataluña mucho mas integrada
a la UE que el resto de España, y lo que ya está
mostrando la Sabana de Bogotá y la zona del ALCA
(Giddens, 1999).
En los trabajos que sobre economía regional han
explorado la validez de la teoría del crecimiento
y sus nexos con la política fiscal, los resultados
no pueden ser más desoladores. Precisamente, en
los años 90 cuando repuntó la polaridad regional,
también aumentaron las disparidades regionales en
las disponibilidades fiscales, los recursos de libre
destinación se concentraron en el centro del país
(la región más rica), y en términos per cápita las
transferencias municipales no se dirigieron hacia
las poblaciones con mayores NBI (Barón y Meisel,
2003).
Todo ello pareciera corresponder a que la descentralización
fiscal y administrativa se hizo en Colombia pensando
en regiones y localidades de pantalón corto, a cuales
no se les debía conceder mayor autonomía para recaudar
ingresos tributarios, ni para decidir en que gastárselos.
La descentralización fiscal se hizo más pensado
en la redistribución de ingresos nacionales y muy
poco en acercar la función del Estado a lo local.
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