Por: Daniel Vaughan
1. Introducción
Los trabajos de
Paul Romer, a finales de la década de los ochenta, sirvieron para
revivir el interés en la literatura del crecimiento económico, al
identificar a la inversión en investigación y desarrollo (I+D) como una
fuente fundamental de crecimiento. El rápido desarrollo de las
universidades y los programas académicos de investigación en los países
más desarrollados que se dio desde principios del siglo XX, y que
presentó un incremento importante en el período entre las dos guerras
mundiales, y en el caso de Estados Unidos, al final de la segunda
guerra mundial, la posguerra y el advenimiento de la guerra fría, es
indiscutiblemente una de las razones que explican la abismal brecha que
hay entre los países ricos y las economías menos desarrolladas, brecha
que no sólo no parece reducirse, sino que, como la literatura bien
señala, por su carácter autogenerador tiende a incrementarse.
Surgen así preguntas que nos debemos hacer en las economías en
desarrollo: cómo lograr aumentar la cantidad y calidad de los programas
académicos de investigación, cómo integrar esta nueva investigación, y
los resultados de aquí derivados, al funcionamiento de la industria y
de la economía en general, y cómo lograr que los investigadores
colombianos logren entrar definitivamente al círculo académico
internacional.
En
esta no tan breve nota, pretendo poner en discusión el problema de la
generación de nuevo conocimiento y de la entrada real y definitiva al
círculo académico mundial que tenemos los economistas en Colombia. En
los últimos años cada vez más economistas colombianos han tenido la
oportunidad de realizar estudios de doctorado en algunas de las más
prestigiosas universidades del mundo, y este fenómeno se ha venido
dando, en menor escala, desde hace por lo menos tres décadas. Sin
embargo, la llegada de estos economistas a Colombia no ha representado
una mayor penetración en el mundo académico internacional. ¿Cuáles son
las razones que explican este fenómeno? ¿Qué papel debe jugar el Estado
y la industria en la financiación de nuevo conocimiento? ¿Qué papel
debe jugar la misma academia como cuerpo colegiado?
La
principal motivación para escribir esta nota es la idea, tal vez
ingenua, de que este fenómeno no es exógeno, es decir, que los cambios
necesarios deben salir directamente desde la academia. Al revisar la
historia de la investigación y desarrollo en un país como EEUU,
indiscutiblemente el líder mundial en esta área, es claro que los
principales cambios que se empezaron a gestar desde antes del final de
la segunda guerra, y que se terminaron de implementar durante los años
de la guerra fría, fueron inicialmente planeados desde la academia
misma, es decir, bajo la dirección de algunos de los más importantes y
prestigiosos miembros de la comunidad científica estadounidense. En
esta nota pretendo hacer un llamado de atención a los economistas
académicos en Colombia, y en particular a los más importantes y
reconocidos economistas, pues creo que la única manera de lograr un
cambio importante en la forma como se hace investigación en Colombia
debe venir desde adentro, nuevamente, con el liderazgo de los más
importantes economistas colombianos.
En resumen, en esta nota pretendo tratar las siguientes preguntas:
- ¿Cuáles son los objetivos y funciones de la academia en un país como Colombia?
- ¿Está la academia en Colombia cumpliendo con dichos objetivos y funciones?
- ¿Qué
tipo de investigación es útil en un país en desarrollo? En particular,
¿es útil generar nuevo conocimiento teórico, o por el contrario,
debemos preocuparnos por el momento únicamente en entender cuáles son
los problemas que tenemos, sus causas y cómo solucionarlas?
- ¿Puede ser Colombia generador de nuevo conocimiento, y si no, qué cambios se deben introducir para lograrlo?
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