Introducción
El Instituto de Valoración Ambiental, reconocida organización danesa,
organizó hace poco un interesante foro de académicos, entre ellos
varios Premios Nobel en economía. El objetivo del foro, denominado
Consenso de Copenhagen, era encargar a expertos reconocidos la evaluación
de los mayores problemas que enfrenta hoy la humanidad y estimar
la inversión global necesaria para erradicarlos. Una vez examinadas
las conclusiones y las recomendaciones de los expertos, el panel
de académicos debía acordar, por consenso, un ranking de los problemas
y las soluciones que ofrecieran la mejor relación costo-beneficio.
Así, el resultado del Consenso debía ser una lista ordenada de las
peores amenazas para el planeta, potencialmente atacables de manera
eficaz con la menor cantidad de recursos.
Uno de los problemas que inicialmente fueron considerados, y cuya
evaluación fue encargada a Paul Collier, de la universidad de Oxford,
fue la incidencia creciente de las guerras civiles. Esta inclusión
no es sorprendente, el hecho de que las guerras civiles sean un
obstáculo para el desarrollo económico y humano no sólo es intuitivo,
también está respaldado por una cantidad considerable de estudios
empíricos. De hecho, organismos multinacionales como el Banco Mundial
han virado sus radares cada vez más hacia el estudio de los conflictos
internos, sus causas y consecuencias y la necesidad de reducir su
ocurrencia.
De manera vehemente, el Consenso reconoció la importancia de las
guerras civiles como amenaza global. Sin embargo, y argumentando
insuficiencia de información, el tema fue excluido de la lista final
de prioridades.
¿De qué tipo es la información disponible sobre guerras civiles
y por qué es ésta insuficiente?
La información
Uno de los precursores, y sin duda el estudio cuantitativo más influyente
sobre conflictos, es Correlates of War (COW) . Se trata de la primera
base de datos con información sobre incidencia y violencia de conflictos
armados (internos y externos) a nivel internacional. Aunque hoy
existen otras bases de datos, COW ha sido actualizada varias veces
y su uso en estudios cuantitativos internacionales sobre conflictos
es generalizado entre los científicos sociales. Bases de datos alternativas
son, por ejemplo, las construidas por James Fearon y David Laitin,
por Nicholas Sambanis y Michael Doyle, o el esfuerzo conjunto de
los investigadores de el Instituto Internacional de Estudios de
Paz de Oslo y del Departamento de Estudios de Conflicto y Paz de
la Universidad de Uppsala. Sin embargo, de forma más o menos extensa,
todas las bases de datos han sido estructuradas sobre COW.
La creciente oferta de bases de datos internacionales ha desatado,
en los últimos años, un boom en los análisis empíricos sobre conflictos.
Ello ha permitido expandir el conocimiento que se tiene sobre las
guerras civiles, al tiempo que ha sido la base para recomendaciones
de política sobre cómo prevenir y cómo erradicar conflictos. Sin
embargo, y como se deduce de las conclusiones del Consenso, la pregunta
relevante es ¿hasta qué punto estos estudios están basadas en una
base empírica sólida? Los resultados econométricos disponibles han
desatado debates tan estimulantes como inconcluyentes. Una hipótesis
razonable es que en la calidad de la información utilizada recaiga
parte de la explicación de este fenómeno. Sorprende, sin embargo,
que nadie se haya hecho la pregunta de cuán confiable es la información
que se utiliza en los estudios sobre conflictos civiles.
La calidad de las bases de datos internacionales
A pesar de compartir las mismas raíces, la variedad de la información
suministrada por las diferentes bases de datos sobre conflicto es
considerable. Para empezar, existe una variedad conceptual que se
ve reflejada en el espectro de definiciones del objeto de estudio
de cada base (guerras civiles, conflictos armados, revoluciones,
etc.).
La mayoría de las bases incluye, además de la ubicación temporal
y espacial de cada conflicto, una medida de su intensidad (que en
casi la totalidad de los casos es un estimativo de el número de
personas caídas en combate).
Algunas bases, sin embargo, omiten cualquier medida de intensidad
y se limitan a ser una lista de conflictos internos cuya identificación
es un país y un rango temporal de incidencia. Varias bases van más
allá y se aventuran a caracterizar cada entrada en términos de las
fuerzas en conflicto (nunca más de dos) y el objetivo del grupo
rebelde. La variabilidad entre bases sigue siendo evidente todavía
en estos dos aspectos. Por ejemplo, el conflicto colombiano se encuentra
incluido en todas las bases de datos, pero en cada una se presenta
con una fecha de iniciación diferente y, de cualquier forma, arbitraria.
En cuanto a la caracterización, la mejor ilustración puede ser un
ejemplo: según COW, la guerra que en Colombia se pelea hoy es entre
jefes del narcotráfico y el M-19.
Entre las bases que presentan una medida de intensidad, un subgrupo
muy reducido ofrece su evolución temporal. No se trata de una serie
de tiempo propiamente dicha sino de intervalos que sugieren cuál
es el piso y cuál el techo de la intensidad anual. El problema,
sin embargo, es que la magnitud de estos intervalos es tan amplia
que su varianza en el tiempo es mínima y la dinámica anual de cada
conflicto, en términos de su evolución violenta, queda opacada.
Pero la mayoría de las bases se limitan a sugerir un número agregado
de víctimas para la duración total de cada conflicto, sin presentar
series anuales subyacentes. Esto es inconsistente con el hecho de
que casi la totalidad de las bases, incluyendo varias de las que
no presentan una medida de intensidad, ni siquiera agregada, basa
su decisión de incluir y remover conflictos de su lista, en un criterio
cuantitativo temporal, a saber, que el conflicto alcance la cifra
de 1000 muertos en combate por año. Independientemente de la discusión
sobre el uso de un criterio absoluto y arbitrario, la naturaleza
de esta inconsistencia es que, aún si el criterio presentado en
los codebooks de las bases tiene una dimensión temporal clara, en
la práctica el proceso de inclusión es distinto. Se parte de un
estimativo del número agregado de víctimas y de la duración del
conflicto (que a su vez provienen de fuentes imposibles de rastrear,
lo cual impide depositar mucha confianza en los datos) y se calcula
el promedio anual. El conflicto X es incluido si este promedio es
mayor a 1000 y excluido de lo contrario. Si X llegare a agravarse
nuevamente después de haber sido excluido de la base, éste entraría
como otro conflicto, en el mismo país y posiblemente con los mismos
actores armados, pero como un conflicto que acaba de iniciar.
En un trabajo reciente con Jorge Restrepo y Michael Spagat discutimos
estas y otras limitaciones de las bases de datos internacionales
sobre guerras civiles y complementamos el análisis de su calidad
con una comparación sencilla: ¿Qué dicen estas bases sobre el conflicto
colombiano y qué tan precisa es esta información?.
Durante casi dos años hemos desarrollado una metodología que permite
cuantificar en forma detallada la actividad bélica relacionada con
el conflicto interno dentro de un país. Hemos aplicado esta metodología
al caso colombiano y el resultado de este esfuerzo es una base de
datos detallada sobre el conflicto. Esta cubre el periodo de 1988
a 2003 y contiene más de 21.000 eventos cada uno de los cuales incluye
la fecha en que aconteció así como el lugar exacto (a nivel de corregimiento),
el tipo de evento (es decir, si se trató de un enfrentamiento con
intercambio de fuego y quienes se vieron involucrados; o si se trató
de un ataque o acción unilateral, qué tipo de ataque y quién fue
el grupo responsable), así como el número de muertos y herido resultantes
de cada acción. Se trata entonces de una base de datos que permite
hacerse una idea detallada de la dinámica espacio-temporal de largo
plazo del conflicto colombiano así como de la evolución de varias
actividades relacionadas con el conflicto y su impacto en términos
de víctimas. En lo que resta de esta nota, y con me voy a
referir a esta base con la sigla RSV.
Como mencioné, la forma como evaluamos la calidad de las bases de
datos internacionales es comparando su información sobre Colombia
con los datos de RSV. Así, es útil pensar en esta última como una
"base de control" para las bases de datos internacionales. Desafortunadamente,
se trata de un muestreo de tamaño uno, pero es lo mejor que se puede
hacer dada la inexistencia de bases de datos sobre conflicto que
describan en detalle la dinámica de un país en particular . De esta
forma, es imposible saber hasta qué punto las conclusiones que extraemos
de esta comparación con Colombia en términos de calidad pueden ser
extrapoladas a todos los conflictos descritos en las bases de datos
que consideramos, o si se trata de una coincidencia.
El ejercicio de comparación deja entrever problemas de calidad importantes
en las bases de datos internacionales. Un patrón sistemático que
emerge de las comparaciones es el de una marcada tendencia a subestimar
la intensidad del conflicto colombiano en términos del número de
víctimas anuales asociadas a éste. Este hallazgo cobra fuerza si
se tiene en cuenta que RSV incluye únicamente acciones bélicas,
dejando de lado manifestaciones violentas que pueden estar asociadas
en mayor o menor medida al conflicto, pero que no necesariamente
lo están. Se trata de acciones criminales cuyo responsable no ha
sido identificado como una organización activa en el conflicto armado,
así como de hechos de delincuencia común. Así, no es difícil argumentar
que RSV no sobreestima la magnitud de la guerra.
Dada la carencia de series de tiempo para comparar sistemáticamente
año a año, en el trabajo referido comparamos el promedio anual de
muertos por causa del conflicto según RSV con el promedio anual
en las 12 más usadas bases de datos internacionales sobre guerras
civiles. En 8 de estas bases el promedio está muy por debajo del
promedio de RSV; en 2 de las 4 restantes hay una leve sobreestimación;
y las 2 restantes arrojan intervalos en los cuales la brecha entre
el "piso" y el "techo" es tan amplia que no es sorprendente que
RSV se ubique dentro del rango propuesto.
Un segundo hallazgo interesante es que ninguna base de datos, entre
aquellas que proveen cifras anuales en vez de agregados para la
totalidad de cada conflicto, refleja la dinámica que se ha observado
durante los últimos 15 años del conflicto colombiano, a saber, un
escalonamiento importante a partir de la segunda mitad de los noventa.
El futuro del estudio sobre guerras civiles
Es fundamental entender la naturaleza, la lógica y la dinámica,
las causas y las consecuencias de las guerras civiles, que están
creciendo en su incidencia en el mundo en desarrollo a una velocidad
preocupante. Durante las últimas dos décadas el esfuerzo de los
científicos sociales se ha concentrado en el desarrollo de bases
de datos que intentan maximizar el número de conflictos incluidos.
Este enfoque ha generado resultados interesantes, pero ha ido en
detrimento del cuidado con el que se estudian los conflictos internos.
Las guerras civiles siguen siendo una caja negra. La importancia
de su estudio detallado radica no sólo en la necesidad urgente de
generar recomendaciones de políticas públicas para prevenir y superar
estas guerras. Los conflictos desbordan la comprensión y también
la capacidad de acción. Hay que desmembrarlos en componentes y áreas
para poder comprenderlos y atacarlos. La información detallada sirve
para mostrar cuándo, dónde y cuál es su impacto, cómo se desplaza
geográficamente, a quiénes afecta y cómo se desplaza socio-políticamente,
cuál es su accionar y como cambia su tecnología. Es decir, la información
sirve para mostrar circunstancias de modo, tiempo y lugar; así como
identificar a los principales afectados para poder atenderlos.
Avances significativos en el aspecto más esencial de la investigación
sobre guerras civiles, el de entender el objeto de estudio, requieren
información de calidad. Para ello es necesario concentrar los esfuerzo
y los recursos en extender y mejorar las bases internacionales existentes,
y en desarrollar más micro-bases como la descrita en esta nota.