¿Cuánto sabemos sobre las guerras civiles?
Por: Juan Fernando Vargas
 

Introducción

El Instituto de Valoración Ambiental, reconocida organización danesa, organizó hace poco un interesante foro de académicos, entre ellos varios Premios Nobel en economía. El objetivo del foro, denominado Consenso de Copenhagen, era encargar a expertos reconocidos la evaluación de los mayores problemas que enfrenta hoy la humanidad y estimar la inversión global necesaria para erradicarlos. Una vez examinadas las conclusiones y las recomendaciones de los expertos, el panel de académicos debía acordar, por consenso, un ranking de los problemas y las soluciones que ofrecieran la mejor relación costo-beneficio. Así, el resultado del Consenso debía ser una lista ordenada de las peores amenazas para el planeta, potencialmente atacables de manera eficaz con la menor cantidad de recursos.

Uno de los problemas que inicialmente fueron considerados, y cuya evaluación fue encargada a Paul Collier, de la universidad de Oxford, fue la incidencia creciente de las guerras civiles. Esta inclusión no es sorprendente, el hecho de que las guerras civiles sean un obstáculo para el desarrollo económico y humano no sólo es intuitivo, también está respaldado por una cantidad considerable de estudios empíricos. De hecho, organismos multinacionales como el Banco Mundial han virado sus radares cada vez más hacia el estudio de los conflictos internos, sus causas y consecuencias y la necesidad de reducir su ocurrencia.

De manera vehemente, el Consenso reconoció la importancia de las guerras civiles como amenaza global. Sin embargo, y argumentando insuficiencia de información, el tema fue excluido de la lista final de prioridades.

¿De qué tipo es la información disponible sobre guerras civiles y por qué es ésta insuficiente?

La información

Uno de los precursores, y sin duda el estudio cuantitativo más influyente sobre conflictos, es Correlates of War (COW) . Se trata de la primera base de datos con información sobre incidencia y violencia de conflictos armados (internos y externos) a nivel internacional. Aunque hoy existen otras bases de datos, COW ha sido actualizada varias veces y su uso en estudios cuantitativos internacionales sobre conflictos es generalizado entre los científicos sociales. Bases de datos alternativas son, por ejemplo, las construidas por James Fearon y David Laitin, por Nicholas Sambanis y Michael Doyle, o el esfuerzo conjunto de los investigadores de el Instituto Internacional de Estudios de Paz de Oslo y del Departamento de Estudios de Conflicto y Paz de la Universidad de Uppsala. Sin embargo, de forma más o menos extensa, todas las bases de datos han sido estructuradas sobre COW.

La creciente oferta de bases de datos internacionales ha desatado, en los últimos años, un boom en los análisis empíricos sobre conflictos. Ello ha permitido expandir el conocimiento que se tiene sobre las guerras civiles, al tiempo que ha sido la base para recomendaciones de política sobre cómo prevenir y cómo erradicar conflictos. Sin embargo, y como se deduce de las conclusiones del Consenso, la pregunta relevante es ¿hasta qué punto estos estudios están basadas en una base empírica sólida? Los resultados econométricos disponibles han desatado debates tan estimulantes como inconcluyentes. Una hipótesis razonable es que en la calidad de la información utilizada recaiga parte de la explicación de este fenómeno. Sorprende, sin embargo, que nadie se haya hecho la pregunta de cuán confiable es la información que se utiliza en los estudios sobre conflictos civiles.

La calidad de las bases de datos internacionales
A pesar de compartir las mismas raíces, la variedad de la información suministrada por las diferentes bases de datos sobre conflicto es considerable. Para empezar, existe una variedad conceptual que se ve reflejada en el espectro de definiciones del objeto de estudio de cada base (guerras civiles, conflictos armados, revoluciones, etc.).

La mayoría de las bases incluye, además de la ubicación temporal y espacial de cada conflicto, una medida de su intensidad (que en casi la totalidad de los casos es un estimativo de el número de personas caídas en combate).

Algunas bases, sin embargo, omiten cualquier medida de intensidad y se limitan a ser una lista de conflictos internos cuya identificación es un país y un rango temporal de incidencia. Varias bases van más allá y se aventuran a caracterizar cada entrada en términos de las fuerzas en conflicto (nunca más de dos) y el objetivo del grupo rebelde. La variabilidad entre bases sigue siendo evidente todavía en estos dos aspectos. Por ejemplo, el conflicto colombiano se encuentra incluido en todas las bases de datos, pero en cada una se presenta con una fecha de iniciación diferente y, de cualquier forma, arbitraria. En cuanto a la caracterización, la mejor ilustración puede ser un ejemplo: según COW, la guerra que en Colombia se pelea hoy es entre jefes del narcotráfico y el M-19.
Entre las bases que presentan una medida de intensidad, un subgrupo muy reducido ofrece su evolución temporal. No se trata de una serie de tiempo propiamente dicha sino de intervalos que sugieren cuál es el piso y cuál el techo de la intensidad anual. El problema, sin embargo, es que la magnitud de estos intervalos es tan amplia que su varianza en el tiempo es mínima y la dinámica anual de cada conflicto, en términos de su evolución violenta, queda opacada.

Pero la mayoría de las bases se limitan a sugerir un número agregado de víctimas para la duración total de cada conflicto, sin presentar series anuales subyacentes. Esto es inconsistente con el hecho de que casi la totalidad de las bases, incluyendo varias de las que no presentan una medida de intensidad, ni siquiera agregada, basa su decisión de incluir y remover conflictos de su lista, en un criterio cuantitativo temporal, a saber, que el conflicto alcance la cifra de 1000 muertos en combate por año. Independientemente de la discusión sobre el uso de un criterio absoluto y arbitrario, la naturaleza de esta inconsistencia es que, aún si el criterio presentado en los codebooks de las bases tiene una dimensión temporal clara, en la práctica el proceso de inclusión es distinto. Se parte de un estimativo del número agregado de víctimas y de la duración del conflicto (que a su vez provienen de fuentes imposibles de rastrear, lo cual impide depositar mucha confianza en los datos) y se calcula el promedio anual. El conflicto X es incluido si este promedio es mayor a 1000 y excluido de lo contrario. Si X llegare a agravarse nuevamente después de haber sido excluido de la base, éste entraría como otro conflicto, en el mismo país y posiblemente con los mismos actores armados, pero como un conflicto que acaba de iniciar.

En un trabajo reciente con Jorge Restrepo y Michael Spagat discutimos estas y otras limitaciones de las bases de datos internacionales sobre guerras civiles y complementamos el análisis de su calidad con una comparación sencilla: ¿Qué dicen estas bases sobre el conflicto colombiano y qué tan precisa es esta información?.

Durante casi dos años hemos desarrollado una metodología que permite cuantificar en forma detallada la actividad bélica relacionada con el conflicto interno dentro de un país. Hemos aplicado esta metodología al caso colombiano y el resultado de este esfuerzo es una base de datos detallada sobre el conflicto. Esta cubre el periodo de 1988 a 2003 y contiene más de 21.000 eventos cada uno de los cuales incluye la fecha en que aconteció así como el lugar exacto (a nivel de corregimiento), el tipo de evento (es decir, si se trató de un enfrentamiento con intercambio de fuego y quienes se vieron involucrados; o si se trató de un ataque o acción unilateral, qué tipo de ataque y quién fue el grupo responsable), así como el número de muertos y herido resultantes de cada acción. Se trata entonces de una base de datos que permite hacerse una idea detallada de la dinámica espacio-temporal de largo plazo del conflicto colombiano así como de la evolución de varias actividades relacionadas con el conflicto y su impacto en términos de víctimas.  En lo que resta de esta nota, y con me voy a referir a esta base con la sigla RSV.

Como mencioné, la forma como evaluamos la calidad de las bases de datos internacionales es comparando su información sobre Colombia con los datos de RSV. Así, es útil pensar en esta última como una "base de control" para las bases de datos internacionales. Desafortunadamente, se trata de un muestreo de tamaño uno, pero es lo mejor que se puede hacer dada la inexistencia de bases de datos sobre conflicto que describan en detalle la dinámica de un país en particular . De esta forma, es imposible saber hasta qué punto las conclusiones que extraemos de esta comparación con Colombia en términos de calidad pueden ser extrapoladas a todos los conflictos descritos en las bases de datos que consideramos, o si se trata de una coincidencia.

El ejercicio de comparación deja entrever problemas de calidad importantes en las bases de datos internacionales. Un patrón sistemático que emerge de las comparaciones es el de una marcada tendencia a subestimar la intensidad del conflicto colombiano en términos del número de víctimas anuales asociadas a éste. Este hallazgo cobra fuerza si se tiene en cuenta que RSV incluye únicamente acciones bélicas, dejando de lado manifestaciones violentas que pueden estar asociadas en mayor o menor medida al conflicto, pero que no necesariamente lo están. Se trata de acciones criminales cuyo responsable no ha sido identificado como una organización activa en el conflicto armado, así como de hechos de delincuencia común. Así, no es difícil argumentar que RSV no sobreestima la magnitud de la guerra.

Dada la carencia de series de tiempo para comparar sistemáticamente año a año, en el trabajo referido comparamos el promedio anual de muertos por causa del conflicto según RSV con el promedio anual en las 12 más usadas bases de datos internacionales sobre guerras civiles. En 8 de estas bases el promedio está muy por debajo del promedio de RSV; en 2 de las 4 restantes hay una leve sobreestimación; y las 2 restantes arrojan intervalos en los cuales la brecha entre el "piso" y el "techo" es tan amplia que no es sorprendente que RSV se ubique dentro del rango propuesto.

Un segundo hallazgo interesante es que ninguna base de datos, entre aquellas que proveen cifras anuales en vez de agregados para la totalidad de cada conflicto, refleja la dinámica que se ha observado durante los últimos 15 años del conflicto colombiano, a saber, un escalonamiento importante a partir de la segunda mitad de los noventa.

El futuro del estudio sobre guerras civiles
Es fundamental entender la naturaleza, la lógica y la dinámica, las causas y las consecuencias de las guerras civiles, que están creciendo en su incidencia en el mundo en desarrollo a una velocidad preocupante. Durante las últimas dos décadas el esfuerzo de los científicos sociales se ha concentrado en el desarrollo de bases de datos que intentan maximizar el número de conflictos incluidos. Este enfoque ha generado resultados interesantes, pero ha ido en detrimento del cuidado con el que se estudian los conflictos internos. Las guerras civiles siguen siendo una caja negra. La importancia de su estudio detallado radica no sólo en la necesidad urgente de generar recomendaciones de políticas públicas para prevenir y superar estas guerras. Los conflictos desbordan la comprensión y también la capacidad de acción. Hay que desmembrarlos en componentes y áreas para poder comprenderlos y atacarlos. La información detallada sirve para mostrar cuándo, dónde y cuál es su impacto, cómo se desplaza geográficamente, a quiénes afecta y cómo se desplaza socio-políticamente, cuál es su accionar y como cambia su tecnología. Es decir, la información sirve para mostrar circunstancias de modo, tiempo y lugar; así como identificar a los principales afectados para poder atenderlos.

Avances significativos en el aspecto más esencial de la investigación sobre guerras civiles, el de entender el objeto de estudio, requieren información de calidad. Para ello es necesario concentrar los esfuerzo y los recursos en extender y mejorar las bases internacionales existentes, y en desarrollar más micro-bases como la descrita en esta nota.