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ENTREVISTA
DE WEBPONDO A SALOMON KALMANOVITZ
Martes 22 de Febrero de 2005
Webpondo:
¿Alguna vez pensó que llegaría a hacer parte
de la Directiva de la Autoridad Monetaria?
Salomón Kalmanovitz: Para la Constituyente
de 1991 el M-19 me propuso hacer parte de su lista
y rehusé porque estaba pasando por un momento difícil
y no me identificaba del todo con ellos. Después
fui su asesor en el congresito que se formó para
cubrir el vacío jurídico que se abrió hasta que
se eligiera nuevo congreso. A partir de ese momento
comencé a sonar para la Junta y fue la primera vez
que pensé que existía esa posibilidad, aunque seguí
sin confiar mucho en que se concretara.
W.P: ¿Cómo fue usted nominado? ¿Se trató
de una nominación académica, a un economista independiente
o una representación de partido?
S.K. El primero en la lista del M-19 para
la Junta Directiva del banco fue Carlos Ossa que
sí había hecho parte de la bancada de esa agrupación
en la constituyente. Cuando a él le tocó renunciar
yo volví a sonar, aunque ahora la decisión la tomó
el presidente y el ministro, posiblemente sin consultar
con el M-19. Fue una forma bastante banal de comenzar
una larga carrera de banquero central.
W.P. ¿Cual es el balance de su experiencia
en estos (11.5) años en la Junta Directiva del B.R.?
¿Académica, personal, institucionalmente?
S.K. En general se me abrió mucho la cabeza
y descarté muchos prejuicios sobre el ejercicio
del poder, sobre la teoría económica ortodoxa y
sobre la competencia de los técnicos del banco.
En torno al primer punto, en los centros de poder
se congregan múltiples intereses lo cual le presta
autonomía al que toma las decisiones, sin que eso
niegue que intereses muy fuertes terminen imponiéndose
o influyendo. En el banco, en particular, tuve el
privilegio de gozar de su independencia institucional,
lo cual en últimas consiste en que los intereses
afectados no tienen acceso directo a las decisiones
de la Junta, excepto el gobierno por medio de su
ministro, y que las aspiraciones del sector privado
se tengan que hacer de manera transparente mediante
comunicación al comité de consultas. El gobierno
mismo no tiene interés de enfrentarse a la junta
la mayor parte del tiempo y la labor de los técnicos
que elaboran los documentos de análisis logra impedir
que el ministro, que no cuenta con un equipo comparable,
pueda tomar iniciativas distintas a las que surgen
de las consideraciones técnicas, por lo general.
Sólo en 3 o 4 ocasiones hubo divergencias y siempre
se impuso el criterio técnico. Una regla importante
en ese sentido, y que Urrutia hizo cumplir estrictamente,
fue que no había decisión sin documento técnico
de por medio.
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