Edición No.12 Abr. - Jun. de 2004
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"Liberales versus Libertarios”
Comentarios al Índice de Libertad Económica presentado por el Wall Street Journal y la Heritage Foundation
Por: Luis Carlos Valenzuela y Alejandro Arregocés

El lanzamiento de la décima versión del Índice de Libertad Económica que publican conjuntamente el Wall Street Journal y la Heritage Foundation en un espacio eminentemente académico como la Universidad de los Andes, es una magnífica oportunidad para realizar una corta reflexión sobre un concepto tan complejo y debatido como la libertad económica y su relación con el crecimiento económico, la justicia social y el desarrollo.

El índice se ha convertido en uno de los indicadores predilectos de los medios de comunicación para juzgar el estado de libertad económica de los países, así como la conveniencia o inconveniencia de las medidas políticas y económicas adoptadas por sus respectivos gobiernos. El índice de Libertad Económica, como el informe 2004 sostiene, es una herramienta práctica; un instrumento de medición que califica y clasifica a 155 países con base en un conjunto de criterios "objetivos" de libertad económica y tiene el propósito de establecer un ranking que le permita a inversionistas y policymakers de todo el mundo, tomar decisiones adecuadas. El ranking es el resultado, según señala el informe 2004, de una serie de estudios empíricos sustentados en un "profundo análisis teórico de los factores que ejercen mayor influencia sobre el marco institucional, dentro del cual tiene lugar el crecimiento económico." En particular, recoge la estimación de 50 variables agrupadas en 10 factores generales que "determinan" la libertad económica.

Según el informe 2004 del Índice, menores valores de éste reflejan una menor interferencia gubernamental en la economía, lo cual constituye el determinante fundamental de que los países gocen de libertad económica y crecimiento. El informe reporta la existencia de 16 países "libres", 55 "mayormente libres", 72 "mayormente controlados" y 12 "reprimidos". Colombia ocupa el puesto 83 de la clasificación general con 3,13 puntos que lo ubican dentro de la categoría de país "mayormente controlado". Esto significa que Colombia no puede ser considerado un país económicamente libre o liberal, lo que constituye una verdadera restricción para su crecimiento. Colombia no es un país liberal, desde la perspectiva del Índice, porque sencillamente no persigue un Estado mínimo.

Un Estado mínimo que propenda exclusivamente por brindar seguridad, imponer justicia y garantizar el cumplimiento de los derechos y los contratos de esa reducida porción de la sociedad que está en capacidad de ejercer plenamente sus libertades y cuenta con una representación política. Un Estado mínimo que es completamente libertario y muy poco liberal.

Quienes son realmente liberales generan una profunda antipatía tanto en la derecha como en la izquierda. Les tiende a ocurrir lo que le pasó a ese excelente escritor cubano que es Cabrera Infante, quien fue expulsado por Fulgencio Batista, por ser un sujeto desleal al régimen y pocos años después fue expulsado por Fidel Castro, por ser un sujeto desleal al régimen. Cabrera Infante era un excelente liberal a lo Mill; un regular liberal a lo Rawls y un deplorable liberal a lo Buchanan.

El liberalismo, en sus mejores exponentes, como podrían ser Locke, Kant y Mill o en versiones más contemporáneas, Constant, Bobbio y Berlin, es una defensa radical a la individualidad. A la individualidad de todos, no de unos pocos.

El liberalismo es la negación del teísmo medieval, del absolutismo hobbesiano, o, en términos contemporáneos del comunismo, donde alguien decide por nosotros. En las ideologías colectivas y mesiánicas hay alguien que tiene la verdad y ese alguien debe ser seguido sin cuestionamiento alguno. Nuestros gustos, nuestras esencias, o, para expresarlo en neoclásico, nuestras preferencias, pasan a segundo plano. O más bien, desaparecen.

El problema es que las ideas, como la gente, a veces se van torciendo por el camino. Por ejemplo, la reforma calvinista, que era la elegía del ascetismo, se convirtió en el perfecto preámbulo, de lo que en principio parecía su más temido enemigo: el consumo conspicuo. Eso explica que Estados Unidos sea la tierra del puritanismo Pilgrim y de Mickey Mouse. .

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