Edición No.12 Abr. - Jun. de 2004
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"Sobre la reelección”
Por: Pablo Querubín Borrero

Mucho antes de que llegue el día de la elección presidencial, las elecciones se convierten en el más importante, e incluso el único, asunto ocupando
las mentes de los hombres.

El presidente…ya no gobierna en el interés del Estado, sino en el de su propia reelección. Él se postra ante las mayorías, y frecuentemente, en vez de resistirse a sus pasiones como el deber lo requiere, se apresura a anticipar sus caprichos. Alexis de Tocqueville, Democracy in America, 1848
(Citado en Drazen (2000)).

El debate político en Colombia en los últimos días ha girado en torno al proyecto de reelección presidencial que se debatirá en el Congreso en las próximas semanas. Los argumentos a favor y en contra están relacionados con las implicaciones políticas de dicha propuesta pero poco se ha dicho sobre las implicaciones económicas que podría tener la reelección presidencial.

La literatura de la Nueva Economía Política aporta algunos elementos interesantes con respecto a las implicaciones que puede tener la reelección sobre la economía y, en particular, sobre la elección de la política económica. Sin pretender cubrir toda la literatura, ni los diferentes planteamientos sobre los efectos económicos de la reelección, quisiera aprovechar esta nota para discutir algunos resultados teóricos que permiten abordar los pros y contras de la reelección.

Argumentos a favor

La relación entre los ciudadanos y un gobernante es una típica relación en la cual se presenta una "asimetría de información". Es decir, hay una parte más informada que otra. Los economistas han estudiado por años dichas relaciones, frecuentemente conocidas como relaciones de agente-principal. Ejemplos de este tipo de relaciones abundan en la vida diaria. Al acudir al médico, el paciente (principal) está menos informado que el doctor (su agente). Al acudir al mecánico, el dueño del automóvil está menos informado que el mecánico. Al acudir al banco, quien pide plata prestada conoce mucho más sobre sí mismo que lo que el banco puede averiguar con un estudio de crédito. El punto crucial de las relaciones de agente-principal es que potencialmente, pueden conducir a resultados desastrosos. El médico se preocupa por la salud de su paciente menos que el paciente mismo, por lo que puede ser en ocasiones más descuidado que lo que el principal querría. El mecánico conoce la ignorancia de su cliente, por lo que puede intentar cobrarle por daños inexistentes. El banco desconoce la confiabilidad crediticia de su cliente, por lo que puede negarse a concederle un crédito. Evidentemente, estos problemas pueden llevar a resultados socialmente "ineficientes"-un exceso de muertes de pacientes, unas rentas excesivas para los mecánicos, un racionamiento de crédito en la economía. Y en la raíz de estos problemas se encuentra una falla de incentivos: el principal quisiera que su agente tuviera los incentivos correctos y obrara de la manera más conveniente para él. Pero esto no es sencillo. En el caso del médico puede haber lugar a demandas por negligencias, y en el caso del banco pueden existir leyes que le permitan a las entidades financieras apropiarse de los bienes de sus deudores en caso de no pago, pero no siempre es fácil diseñar sistemas de incentivos que solucionen estos problemas.

Este tipo de problema se presenta en la arena política. Y por ser la arena política una en la que, por definición, el "poder" es la característica principal de las relaciones, el asunto de crear los incentivos apropiados puede ser complicado. Los ciudadanos (principal) querrían que el gobernante que eligieron (agente) siempre adoptara políticas que los beneficiaran. Sin embargo, los gobernantes pueden aprovecharse del poder delegado en ellos para apropiarse de recursos que los beneficien a ellos, a costa del bienestar de todos los ciudadanos. Tal y como señalan Persson y Tabellini (2000), la manera como se ha estudiado dicho "conflicto" se puede caracterizar por medio del enfoque adoptado por dos escuelas de pensamiento. Los trabajos de Buchanan y de toda la escuela del public choice entienden al gobernante como un actor cuyo único objetivo es maximizar los recursos de los cuales puede apropiarse para su propio beneficio (como un Leviatán). La escuela de Chicago (caracterizada por los trabajos de Wittman) argumenta en cambio que las elecciones alinean los incentivos de los ciudadanos y los políticos, pues éstos últimos, para maximizar su probabilidad de ser reelegidos, deberán adoptar las políticas que maximizan el bienestar de los ciudadanos.

En este sentido, es importante identificar qué determina las "preferencias" de los gobernantes, es decir, cuáles son los elementos que le generan utilidad o beneficio a un gobernante por el hecho de estar en el poder. Esto determina en gran medida el tipo de políticas que adopte. Un ejemplo de Persson y Tabellini (2000) nos permitirá discutir algunos elementos en esta dirección:

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